Muerte y Aflicción

Muerte y Aflicción

El llorar indebidamente a los que han muerto les causa pena, pues los atrae hacia la tierra.

La muerte y la aflicción son dos asuntos serios que deben ser explicados claramente pues el hombre de occidente no comprende completamente el propósito de la muerte y de la aflicción. Ambos asuntos pueden causar muchos problemas para muchos; y no debería ser así. Es muy importante entender la muerte, cuando uno se muere no es ciertamente el final; de hecho, es el principio. La muerte en este mundo es simplemente el nacimiento a otro mundo, ya que el nacimiento y la muerte son el mismo acto.

Permitidme explicar aquí; que cuando un bebé “nace” y se corta el cordón umbilical, el bebé “muere realmente” de ser parte de su madre, experimentando la muerte y el nacimiento. La muerte es algo que asusta a la gente solamente porque ella teme a lo desconocido y piensa que la muerte será dolorosa. Hecho: La muerte en sí misma es completamente indolora; mientras que el proceso de morir puede no ser indoloro.

Consideremos lo que pasa cuando sobreviene la muerte. A veces ocurre que una persona está enferma y, como resultado de esa enfermedad, alguna parte de su organismo que es vital para continuar la permanencia sobre la Tierra, pierde su capacidad de funcionar correctamente. Podría ser el corazón; supongamos que se trata del corazón. Así, en nuestro caso cardíaco, podemos decir que el músculo se ha convertido en una masa fibrosa que ya no puede bombear sangre en el volumen adecuado para el cerebro y así las facultades se entorpecen. A medida que las facultades se van apagando la voluntad de vivir disminuye y hay menos estímulos para que el corazón pueda continuar bombeando. Llega el momento en que el corazón ya no puede continuar. Próxima a esta etapa, la persona no tiene energía para sentir dolor, se halla a medio camino entre este mun­do y el otro. En el caso de un bebé; se encuentra a la mitad de camino que es su madre y el mundo que llamado Tierra. En el “otro lado”, los que ayudan en la muerte están preparados. Tan pronto como el corazón cesa de latir se produce una sacudida, pero no es un estremecimiento de dolor, no hay agonía de muerte, es una ficción totalmente estú­pida. La llamada "agonía de muerte" es simplemente una acción refleja de los nervios y músculos que, liberados del control del "conductor" del cuerpo, se contraen y sacuden - como queda implícito - sin control. Mucha gente cree que esto es agonía pero no lo es, porque el ser que estaba en el cuerpo se ha ido y los gestos del rostro son sólo contracciones de los músculos.

El cuerpo, libre de su ocupante, puede contraerse o jadear durante un breve tiempo. Puede oirse ruido de los órganos internos, pero todo esto no es más que lo que puede ser un viejo traje que se ha dejado sobre una silla o sobre la cama, que nada tiene dentro y que sólo sirve para ser enterrado o incinerado, cualquiera de ambas cosas. El nuevo habitante del mundo astral, exconductor del cuerpo, hallará ayudantes listos para servir en todo lo que pueda necesitar el recién llegado en su proceso de aclimatación. Ocurre que, desgraciadamente, una persona realmente ignorante no cree en la vida después de la muerte y entonces... ¿qué? Si no se quiere creer en la vida después de la muerte es porque existe un estado de completa hipnosis, auto-hipnosis; y sobre la Tierra aun hay muchos casos de gente que es ciega sólo porque piensa que lo es, mucha gente que es sorda sólo porque desea serlo para escapar quizás de la tortura de una vida insatisfecha. Estos casos están confirmados por la profesión médica. Si una persona no cree en nada después de la muerte, se halla envuelta en una niebla espesa, negra y pegajosa. Los asistentes no pueden ayudarla porque no pueden acercarse a ella porque no se los permite, rechazando todo lo que se quiere hacer por la persona pues está convencida de que no hay tal cosa después de la muerte y piensa que está sufriendo una pesadilla desagradable. Entretanto, la persona empieza a darse cuenta de que debe haber algo en esta vida después de la muerte. ¿Por qué oye voces? ¿Por qué se da cuenta que hay gente a su alrededor? ¿Por qué percibe algo como una música? Con la naciente conciencia de que posiblemente haya algo después de la muerte, la espesa niebla negra se aclara y se vuelve gris, la luz puede traspasarla, se pueden ver figuras borrosas que se mueven y empieza a oírse más claramente. Así, poco a poco, a medida que sus prejuicios e inhibiciones van cediendo, va tomando cuerpo la conciencia de que algo está sucediendo a su alrededor. Los asistentes tratan constantemente de ayudar a la persona, tratan de hacerla entender que quieren ayudarla y la invitan a aceptar su asistencia y no bien tiene la sensación de que aceptará, la niebla se dispersa y puede ver toda la gloria del mundo astral, colores que no existen en la Tierra, luces y brillos por el alrededor muy, pero que muy agradables.

Nuestro pobre amigo que ahora empieza a darse cuenta de que existe una vida después de la muerte, es llevado a lo que podría llamarse hospital, hogar de descanso o centro de recuperación. Allí, mediante diversos rayos sus inhibiciones mentales siguen dispersán­dose, su cuerpo espiritual es alimentado y fortalecido cobrando sa­lud. Se le explica todas las cosas pues se halla más o menos en la misma situación que la de un niño recién nacido excepto en que puede entender todo lo que se le dice y responder, mientras que el bebé tiene que apren­der a hablar. Así, recibe una explicación sobre lo que es la vida en el “otro lado”. Si quiere polemizar, no puede. Nadie lo hará con él. Por el contrario, se le dejará pensar sobre la explicación que se le ha dado y cuando la acepte libremente, la explicación continuará. Jamás será persuadido, nunca forzado a nada, tendrá siempre el derecho de elegir. Si no quiere creer perma­necerá en algún estado estático hasta que abra su mente.

Muchos llegan a la otra vida con la convicción inquebrantable de que su propia religión es la única que existe. Estos desventurados se colocan en una situación bastante parecida a las anteriores porque los asistentes del “otro lado” saben perfectamente bien que no pue­den ayudarlos si simplemente con su presencia destruye una creencia de toda una vida. Supongamos que una persona, católica ferviente, cree en ángeles y demonios y toda esa pantomima. Cuando llega al “otro lado” ve cierta­mente las puertas del cielo y un anciano con barba y con un enorme registro en el cual cree que figuran todos sus pecados. Todo se conforma de la manera que el pobre e inocente católico quiere ver: Ángeles con lige­ras y temblorosas alas, gente sentada sobre nubes to­cando el arpa y, por el momento, se encuentra muy satisfecho de haber llegado al cielo

Pero, poco a poco, cae en la cuenta de que todo esto no suena a verdad, la gente no vuela en el ritmo exacto del batir de las alas, etcétera. El recién llegado se da cuenta de que aquello es una representación y empieza a preguntarse qué es lo que hay detrás de ella, qué es lo que ocultan las cortinas y toda esa estructura, cómo son en realidad las cosas y exactamente cuando empieza a pensar en ese sentido comienza a ver "grietas" en la fachada de la casa celestial. Se avecina entonces el momento en el cual ya no puede seguir creyendo en esa pantomima y clama por saber. Rápidamente los ángeles con sus ligeras alas se desvanecen, caen los músicos junto a sus arpas que estaban sentados en una nube, y los asistentes, altamente experimentados, muestran al recién llegado que acaba de despertar a la realidad que reemplaza a la ilusión y que es sumamente más grata que lo que había sido ésta. Es lamentable que tanta gente vea unas pocas láminas en la Biblia y las tomen como verdades irrefutables. Hay que recordar que también se emplean dibujantes para ilustrar la Biblia. No interesa de qué religión se trate si los que la profesan creen incondicionalmente en sus leyendas o, digamos, fantasías. Ellos creerán estarlas viviendo cuan­do abandonen la Tierra y entren en el plano astral. Cuando el recién llegado pueda darse cuenta de la naturaleza del mundo en el cual está, entonces podrá seguir adelante. Se dirigirá al salón de las memorias y allí, solo, ingresará en un cuarto y presenciará la histo­ria de su vida: todo lo que ha hecho, todo lo que ha tratado de hacer y todo lo que ha querido hacer. Además, cada cosa que le ha sucedido, lo que ha pensado durante su permanencia en la Tierra y él, nadie más que él, podrá juzgar si su vida ha sido un éxito o un fracaso. Él y nadie más que él podrá decidir si "vuelve al colegio" y comienza el curso para repetirlo totalmente con la esperanza de superarlo en esa nueva oportunidad. No habrá madre, ni padre ni mejor amigo que esté a su lado para echar la culpa de lo que haya hecho mal. El estará solo, completamente solo, más solo aún de lo que pudo haber estado anteriormente en cualquier lugar. Y será para juzgarse. Ni demonios ni Satanás le estarán esperando con la cola enroscada y aliento feroz; nadie va a clavar horquillas o tridentes en sus carnes y, en lo que respecta a las llamas, bueno... ¡ni ellos usan tales cosas para la calefacción central!

La mayoría de los que pasan esta prueba salen del salón de las memorias considerablemente conmovidos y notablemente contentos de la ayuda y simpatía brindada por los asistentes que esperan fuera. Sobreviene después un período de ajuste, durante el cual el nuevo visitante puede reflexionar sobre todo lo que ha visto, sobre los errores cometidos y decidir qué es lo que piensa hacer. Esto no es cuestión de resolver­lo en unos pocos minutos; han de considerarse todos los aspectos del asunto. ¿Vale la pena volver y empe­zar todo de nuevo? ¿Sería quizá mejor permanecer allí unos pocos siglos esperando que se dieran condi­ciones mejores para volver? Pero también piensa que no sabe cuáles serán las mejores condiciones o qué probabilidad tiene de volver. A esta altura de su medi­tación es invitado por los asistentes que estudian cada punto con él y lo aconsejan sin ejercer presión alguna. En todo momento mantendrá su total libertad de elección y de decisión y nadie influirá sobre su ánimo al respecto. Si desea volver y atizar un poco el infierno de la Tierra, será su decisión y nada más que suya. Muchos recién llegados no saben que pueden extraer todo su sustento y nutrición a través del aire, de las vibraciones que los rodean. Recuerdan su vida te­rrenal y piensan en los alimentos selectos que hubieran deseado comer y que no pudieron obtener. En cambio, ahora, pueden tener lo que quieran, cualquier tipo de alimento que deseen. Si desean fumar habanos o cigarrillos o pipas malolientes, también pue­den hacerlo

Pero el recién llegado pronto se cansa de no hacer nada, se hastía de estar parado viendo cómo pasa el tiempo astral. Si hubiera sido un tipo perezoso en la Tierra, de esos a quienes sólo les gusta vagar por las calles y doblar silbando las esquinas, aun ésos, pronto se cansan de no hacer nada en el ambiente del plano astral. Piden trabajo y lo obtienen. ¿Qué clase de trabajo? Hay todo tipo de tareas por hacer. Es impo­sible decir qué es lo que hará exactamente como sería difícil predecir lo que haría una persona aquí, en la Tierra, si se trasladara repentinamente a Timbucktoo o Alsacia Lorena. Se dedicará a lo que se halle dentro de sus posibilidades y que, al mismo tiempo, le produzca enorme satisfacción y bienestar. Pero en todo momento se verá acuciado por el pensamiento de que tiene que hacer algo. ¿Deberá permanecer en el astral durante mucho tiempo? ¿Qué haría otra gente? Pregunta y pregunta y también se le contesta reiteradamente siempre la misma cosa, sin que exista en momento alguno la intención de persuadirlo de algo. La elección es totalmente suya.

Por lo tanto, muchas religiones te llevan por el mal camino. Uno puede leer de cualquier religión y aprender de esta manera, la sabiduría verdadera. Una vez que haya comprendido que debe llamar para pedir ayuda, esta llegará. Esta ayuda se realizará por telepatía y no se preocupe porque en la tierra no se sepa utilizar la telepatía, ya que cuando estás en el plano astral esta capacidad se adquiere automáticamente. Los amigos aparecerán y le ayudarán en su camino. NUNCA le dejarán solo.

Finalmente, se dará cuenta que no puede seguir vagando como si fuera un desertor de la escuela de la Tierra; tiene que regresar, cumplir con sus lecciones correctamente y aprobar sus exámenes. Hará conocer su decisión y será llevado ante un grupo especial de gente de gran experiencia, que posee instrumentos extraordinarios. Se determina lo que la persona tiene que aprender y cuál es la mejor manera para que lo logre. ¿Será de utilidad que vaya a una familia pobre? ¿O debe ir a una familia adinerada? ¿Deberá ser un hombre blanco o uno de color? ¿O una mujer? Ello dependerá de la suerte del desorden que haya existido en su vida anterior, de lo bien que esté preparado para trabajar en su vida futura y de lo que tenga que aprender. De cualquier manera, los asesores están capacitados para ayudarle, pueden suge­rirle - sugerirle solamente - el tipo de padres, de país y de condiciones. Cuando haya aceptado todo esto, entonces se ponen en funcionamiento ciertos instrumentos para localizar los presuntos padres. También se descubre la ubicación de los padres sustitutos, los cuales son observados durante un breve lapso de tiempo. Entonces, si todo es satisfactorio, la persona ya está preparada para ser reencarnada a un lugar especial en el mundo astral. Allí se mete en la cama y cuando se despierta se encuentra en el proceso de su nacimiento en la Tierra. Cabe esperar que se produzca tal conmoción y haga oír sus lamentos de desesperación, es decir; los lloros de un recién nacido.

Muchas entidades deciden no volver a la Tierra aun y entonces permanecen en los mundos astrales donde tienen mucho que hacer. Pero antes de hablar de ellos consideremos un tipo especial de gente que no puede elegir: los suicidas. Si alguien voluntariamente pone fin a su vida en la Tierra antes de cumplir el tiempo que se le tiene asignado, debe volver a ella tan rápidamente como sea posible, con objeto de completar el plazo interrumpido, exactamente como si fuera un reo que ha escapado y ha sido capturado. Así ha de cumplir su vida con un agregado extra como castigo. Un suicida que ingresa al mundo astral es recibido de la misma manera que si fuera un visitante corriente, normal, sin recriminaciones de ningún tipo.

Se le trata igual que a los otros. Se le asigna un tiempo razonable durante el cual se recupera de la conmoción de haber abandonado el cuerpo físico quizá violenta­mente e ingresar en el astral. Una vez recuperado suficientemente tiene que ir al salón de las memorias donde ve todo lo que le ha sucedido y la falta que ha cometido al suicidarse. Y así lo dejan con el terrible sentimiento de que tiene que volver a vivir en la Tierra hasta completar el plazo que le falta por expirar.

Es posible que el suicida sea una persona de una capacidad espiritual deficiente, probablemente carezca de la fortaleza íntima para volver a la Tierra y piense que sería entretenido permanecer en el astral y que nadie puede hacer nada en cuanto a eso.

Eso no puede ser porque existe una ley en la que un suicida debe volver a la Tierra y si no regresa por propia voluntad se lo obliga a ello. Si está dispuesto a volver, entonces en una reunión con consejeros especiales se le informa sobre los días o años que constituyen su "sentencia" en la Tierra. Tie­ne que vivir todo ese tiempo sobre la Tierra y desde que cometió el suicidio. Y así, quizá le lleve un año salir de su confusión y decidirse a retornar y así añade un año a su vida terrenal. Se le informa cómo se encuentra la situación en la Tierra para que pueda volver y enfrentarse esencialmente el mismo tipo de condiciones que le hicieron tomar su vida anterior. En el momento señalado se le adormece para que despierte en el instante de su nacimiento. Si se muestra poco o nada cooperativo y no quiere retornar a la Tierra, entonces los consejeros deciden por él sobre las condiciones que mejor se adecuen a su caso. Si aún así no quisiera ceder a las condiciones, estas serán un poco más seve­ras de lo que serían si lo hiciera voluntariamente. De esta manera, en las circunstancias señaladas, se le adormece sin que tenga posibilidad de elección y, al despertar, ya se encontrará en la Tierra.

A menudo se da el caso de que un bebé muere al poco tiempo de nacer. Se trata de la reencarnación de una persona que se suicidó antes de soportar unos meses de agonía al hallarse sentenciado por un mal incurable, cáncer inoperable, por ejemplo. El paciente pudo haber puesto fin a su vida dos o tres, o quizá seis meses o un año antes que se produjera la muerte natural. Y todavía tiene que volver para completar el término que él ha tratado de abreviar. Se cree a veces que el dolor es algo inútil, que sufrir no tiene razón de ser, que está bien matar a un enfermo incurable que sufre; pero aquellos que sostienen eso, ¿saben realmente quienes lo sufren lo que están tratando de aprender? Su gran sufrimiento, la misma naturaleza de su enfermedad puede ser algo sobre lo cual deseen tener experiencia.

Una de las maldiciones más grandes de la vida (de la vida moderna) es la actitud de los empresarios de las funerarias y de sus trabajadores – no cabe ninguna duda que actúan como lo hacen por motivaciones empresariales – intentan fingir que la persona recientemente fallecida no está muerta, sino simular que está durmiendo. Estos empresarios pintan las caras muertas, agitan el pelo muerto, dejan el cuerpo del fallecido simulando a una persona que está durmiendo. Parece ser una conspiración universal en la vida actual para encubrir la pena como si fuese algo malo, vergonzoso el demostrar la emoción ante una pérdida. A menudo la aflicción está reñida con el enfado hacia la persona fallecida por el hecho de haber fallecido. Sin embargo, en otras ocasiones aparece una sensación de culpabilidad. ¿Podríamos haber hecho algo más por la persona fallecida? ¿Habríamos podido ahorrarle sufrimiento?

Si una persona “cae en el error” del resentimiento porque su ser querido ha fallecido, en muchas ocasiones sienten la necesidad de buscar un culpable, o bien preguntarse cuestiones tales como; ¿qué más habría podido hacer? ¿cómo ha podido (la persona fallecida) irse de mi vida?

Los empresarios de las funerarias toman medidas extremas fingiendo que la persona fallecida es un cuerpo durmiente. Falsifican valores, y, en mi opinión, está muy mal, de hecho obligar que un cuerpo adopte una actitud artificial - artificial para la muerte, que es - y fingir que él o ella está durmiendo. Debemos tener un nuevo concepto de la muerte. Los grandes hombres como Winston Churchill no tenía miedo de llorar cuando la ocasión lo justificaba. Winston Churchill; se decía que podía verter lágrimas de emoción y lágrimas de pena, y él era mejor hombre por hacerlo.

Ahora se preguntará qué se podría hacer para ayudar a una persona que sufre la pena de la pérdida del ser. Lo primero de todo que se debe hacer es enfrentarse a que la muerte ha sucedido, y hacer frente que ahora todo es diferente. Habrá funcionarios y burocracia que interfieran solicitando toda clase de papeles firmados. Los funcionarios despiadados del país desearán su correspondiente parte de la herencia dejada.

Uno puede ayudar mucho a la persona afligida escuchando y dejando que hable de su dolor. De esta manera la pena se irá mitigando y la persona fallecida será más libre. Es absolutamente esencial que ayuden a una persona a conseguir que el dolor salga de él. Que no permita que el duelo se quedé con él formando parte de su vida. Que no sea como una caldera de vapor que no se puede atornillar debajo de la válvula de seguridad y debido al calor en algún momento estallará.

Una persona abrumada por el dolor, que reprime su angustia, sufrirá de úlceras o de severos problemas intestinales, e incluso puede llegar a tener principios de artritis. En casos extremos, puede llegar a padecer de esquizofrenia.

Estas cosas pasan, pero no sucederían si hubiera más comprensión de la naturaleza de la pena, no sucedería si por ejemplo, los vecinos ayudaran dejando hablar a la persona afectada, en lugar de mantener el silencio entre ellos mismos. ¿Cuántas veces se dice “si hubiera actuado de forma diferente ahora estaría con nosotros”? Hay otros casos en donde la persona afligida despotrica del fallecido, lanzando preguntas al aire como “¿Por qué te tenias que morir dejándome solo?” ¿Ahora que va a ser de mi?”

Una de las peores características del servicio fúnebre es el elogio, en donde alguien habla sobre las virtudes de la persona fallecida. Es asombroso que “todos” los que han muerto, todos ha sido buenos, según parece. La gente busca a alguien  para decir toda una sarta de mentiras; “la buena persona que era el fallecido” y “la terrible pérdida que supone para la comunidad”. Decir solo parte de la verdad es malo, todos los fallecidos tenían su lado bueno y su lado malo, quedarse únicamente con lo que se quiere recordar es malo. Porque las personas que lloran su pérdida le mitifican, haciendo que su pérdida sea mayor de lo que realmente es.

A menudo hay casos en donde un marido pierde a su esposa, por ejemplo mientras da a luz. El hombre, ahora padre, tiene la hostilidad hacia el pobre bebé inocente ya que aparentemente es la causa de la muerte de la madre. Así que desde el principio se encuentra un padre y un bebé destrozados por la pérdida. Si al menos la gente aclarase solamente sus conceptos sobre estos temas. Ahora la pena, ¿qué es? A menudo es solo egoísmo.

A menudo es la oposición a cualquier cambio. A la gente no le gusta un cambio que es permanente, por lo que cuando aparece la muerte – que es un cambio permanente, se produce resentimiento y hostilidad. En estos casos lo que se debe hacer es: ayudar a la persona afligida animándola a que hable, y si la persona llora tanto mejor. Al llorar las emociones salen fuera y para nada demuestra falta de cordura. Debes hablarle suave y firmemente a la persona, diciendo que no reprima sus emociones, que si necesita llorar que llore, diciendo que - sí, han tenido una pérdida terrible, pero no se trata de una despedida definitiva, que cuando llegue el momento se encontrarán ambos en un mundo mejor, porque la vida continúa en otro plano. Y si eres buen psicólogo – los mejores psicólogos vienen de los hogares y no de las oficinas de los llamados hombres profesionales – puede hacer mucho para ayudar aquellos que necesiten de su ayuda.

Deseo mencionar aquí que, mientras que las personas deben ser animadas para dar rienda suelta a su dolor con el propósito de “sacarlo fuera de él”, no debe ser animado a persistir en su dolor, porque tal acción no es más que el duelo de su propia pérdida y no un dolor genuino, se trata de auto-compasión y como tal no debe ser alentada.

Puede pasar hasta 3 días en la tierra para que tanto el cordón de plata como el cuenco dorado se rompan definitivamente - esto es cuando el cuerpo astral se libera por completo de su cuerpo físico - El duelo no debe durar más de 3 días, ya que de lo contrario crea retrasos sobre la persona que ha fallecido recientemente. Tal aflicción provoca “anclas” no deseadas que retrasan a los difuntos en su viaje astral. Lea “Más allá del décimo” y “Una luz el la oscuridad".

Entiendo completamente que esto puede ser muy duro para algunos, especialmente cuando acabas de perder a un ser querido, pero no te estás ayudando si continuas con tu dolor pasado 3 días del fallecimiento. Si amaste de verdad a persona que se ha ido; deja ya de preocuparte, pues volverás a verlo otra vez en el mundo astral cuando te llegue el momento. Sea paciente. ¡SIEMPRE volverá a ver a las personas que ames!, de verdad.