Péndulos

Péndulos

Tememos aquello que no entendemos.

¡Los péndulos funcionan realmente! Muchos japoneses determinan el sexo de las criaturas que aún no han nacido mediante la utilización de un péndulo, empleando para ello un anillo de oro suspendido de un hilo, y sosteniéndolo sobre el estómago de la mujer emba­razada. La dirección o el tipo de movimiento indica el sexo de la criatura por nacer.

Un aparato de radio usa la corriente eléctrica para re­producir el sonido emitido desde alguna estación distante. Los aparatos de televisión hacen lo propio para reproducir un simulacro aproximado de la imagen trasmitida desde una estación distante. De la misma manera, si se trata de buscar agua con una varilla o de utilizar un péndulo o cualquier otra cosa, debemos tener ante todo una fuente de corriente, y la mejor fuente de corriente que podemos utilizar es el cuerpo humano. Después de todo, nuestros cerebros son realmente baterías acumuladoras, conmuta­dores telefónicos y toda suerte de cosas similares. Pero lo más importante es que constituyen una fuente de corriente eléctrica que satisface todas nuestras necesidades y nos permite "detectar" los impulsos, haciendo de ese modo que un péndulo se sacuda, se arremoline, gire, oscile, o realice toda otra suerte de cosas extrañas. Por consiguien­te, para trabajar con un péndulo, debemos contar con un cuerpo humano, y un cuerpo humano viviente. No se puede atar un péndulo a un gancho y esperar que funcione, porque no habría una fuente de corriente. Tampoco serviría atar nuestro péndulo a un gancho y proporcionarle corriente, porque ésta debe tener impulsos que varían de acuerdo con el tipo de acción deseada. Así como en la radio aparecen notas altas, notas bajas, notas fuertes y notas suaves, también con un péndulo debe te­nerse la necesaria variación de corriente para hacer "lo necesario".

¿Quién hará variar la corriente? Por supuesto, el superyó, el más brillante ciudadano que tenemos en torno de nosotros. Usted que lee esto sólo es consciente en una décima parte, de modo que, conociéndose a sí mismo, piense en lo brillante que sería si pudiera poner de manifiesto las restantes nueve décimas partes de la conciencia. Usted puede, por cierto, reclutar a su secretario, el subconsciente, que es brillante: conoce todo lo que usted ha conocido, puede hacer todo lo que usted podría hacer, y recordar todo incidente particular desde mucho antes de su nacimiento. Por consiguiente, si pudiera llegar a su sub­consciente, usted llegaría a conocer una enorme cantidad de cosas. Usted con práctica y con confianza, puede alcan­zar su subconsciente, que también puede entrar en con­tacto con otras mentes subconscientes. En verdad, no hay límites para los poderes de la mente del subconsciente y, cuando ella se alía con otras similares, entonces se obtie­nen resultados positivos. No podemos simplemente llamar a un número telefónico y solicitar hablar con nuestro subconsciente, porque debemos considerar esa mente como algo similar a un pro­fesor muy distraído que constantemente está ordenando, acumulando y adquiriendo conocimientos, tan ocupado que no puede preocuparse por otras personas. Si se lo molesta lo suficiente de la forma más cortés, entonces tal vez responda a sus requerimientos. Por consiguiente se debe, ante todo, familiarizarse con el subconsciente. Toda la cuestión reside en que éste es la mayor parte de usted mismo, la parte más considerable de usted mismo, por lo cual le sugiero que le dé un nombre. Llámelo como quiera con tal de que el nombre sea aceptable para usted. Suponiendo que sea masculino, se podría (sólo como ilustración) utilizar el nombre de "Jorge". O, si se trata del subcons­ciente de una mujer, entonces se podría decir "Geor­gina". Toda la cuestión reside en que usted debe tener algún nombre definido que enlaza inseparablemente con su subconsciente. Así, cuando quiere entrar en contacto con él, podría decir por ejemplo: "Jorge, Jorge, necesito mucho su ayuda, quiero que trabaje conmigo, quiero que... (aquí especifica lo que quiere) y recuerde, Jorge, que en realidad somos una unidad y lo que usted hace por mí lo hace también por sí mismo". Esto debe repetirse lenta y cuidadosamente, y con una gran concentración. Repítalo tres veces.

La primera vez, "Jorge" probablemente encogerá sus hombros mentales y dirá: "¡Oh!, ese sujeto molesto, me incordia de nuevo cuando tengo tanto que hacer". Y volverá a su trabajo. La próxima vez que usted insista, le prestará más atención porque se siente molestado, pero todavía no hará nada. Pero si usted repite por tercera vez, "Jorge", "Pedro", "David" o "Guillermo", o quienquiera que fuere, se dará cuenta de que va a insistir hasta obtener algún resultado y, por lo tanto, suspirará metafóri­camente y le proporcionará ayuda.

Esto no es una fantasía, sino un hecho. Pretendo saber bastante sobre ello porque he procedido justamente así durante más años que los que me interesa recordar. Mi propio subconsciente no se llama "Jorge", sino que tiene un nombre que yo no revelo a nadie, del mismo modo que usted no debe revelar a nadie el nombre de su sub­consciente. Nunca se ría o haga chistes sobre él, porque esto es algo muy serio. Usted es sólo la décima parte de una persona, y su subconsciente representa las nueve déci­mas partes, de modo que debe mostrarle respeto y afecto, poniendo de manifiesto que puede confiar en usted porque, si no obtiene la cooperación de su subconsciente, entonces no hará ninguna de las cosas sobre las que escri­bo. Pero si practica lo que está leyendo, podrá hacerlo todo. Por eso debe hacerse amigo de su subconsciente. Déle a él o a ella un nombre, y asegúrese de conservar ese nombre como algo muy, muy privado.

Usted puede hablar con su subconsciente, y será mejor si lo hace lentamente y repite las cosas. Imagínese que está hablando por teléfono con alguien que se encuentra al otro lado del mundo y que la línea telefónica es algo pobre: usted debe repetirse y le resulta muy difícil hacerse entender. El que lo escucha al otro lado no es un idiota porque tenga dificultades para comprender su mensaje, sino que en general, las comunicaciones son malas y, si usted supera esas dificultades entonces podrá descubrir que tiene un conversador muy inteligente, mucho más inteligente que usted. Cuando usted utiliza el péndulo (nos ocuparemos de esto con más detalle dentro de un momento), debe mantener sus pies tocando el suelo, de modo tal que las yemas de los dedos estén en contacto con el piso, y luego decir algo semejante a: "Subconsciente (o el nombre que ha elegido), quiero saber qué debo hacer para tener éxito en tal o cual cosa. Si vas a poner en movimiento el péndulo, hazlo oscilar hacia adelante y hacia atrás para indicar 'sí', y de un lado a otro para indicar 'no', del mismo modo que un ser humano inclina la cabeza para decir 'sí' y la sacude para decir `no'." Se debe trasmitir un mensaje similar tres veces, y explicar con mucha lentitud, claridad y cuidado lo que quiere que haga su subconsciente y lo que espera de la prueba porque, si usted no sabe lo que quiere, ¿cómo puede el subconsciente pro­porcionarle alguna información? En ese caso, su subcons­ciente tampoco sabrá nada. Si usted no sabe lo que quiere, no sabe cuándo lo encontrará. Comenzamos por la búsqueda de agua, de modo que nos ocuparemos primero de lo que llamamos el péndulo para buscar agua. Pero antes, una pequeña digresión. A los fines de esta enseñanza sería conveniente referirnos a todos los subconscientes como "Jorge". Como es tan pesado escribir "subconsciente" una y otra vez, nos limitaremos a utilizar el nombre genérico de Jorge, de la misma manera que los pilotos llaman "Mike" a su piloto automático. Por consiguiente, Jorge será nuestro subconsciente colectivo.

El péndulo para buscar agua debe ser una pelota de dos y medio a tres centímetros de diámetro. Es mucho mejor si usted puede obtener un péndulo de madera, o de "metal neutral". Pero por el momento, servirá cualquiera con tal de que tenga las medidas indicadas. Usted debe conseguir aproximadamente un metro y medio de hilo como el que utilizan los fabricantes de botas para coser las suelas, y que creo se llama hilo de zapatero. Ate un extremo al péndulo que tendrá una pequeña abertura en la parte superior con esa finalidad, y una al otro extre­mo a una varilla o inclusive a un carrete de hilo. Enrolle luego todo el hilo al carretel de modo que, al sostenerlo en la palma de su mano, el hilo que sostiene el péndulo se encuentre entre el dedo y el pulgar de su mano derecha —la mano derecha si escribe con esa mano, pero, si utiliza en cambio la mano izquierda, el péndulo estará, por su­puesto, en la mano izquierda—. En primer lugar tenemos que sensibilizar o sintonizar el péndulo al tipo particular de material que deseamos localizar. Supóngase que vamos a buscar una mina de oro. Ante todo se consigue un tro­cito de cinta adhesiva de una extensión de dos a tres centímetros y luego se coloca un pequeño pedazo de oro (por ejemplo, el raspado del interior de un anillo) sobre la cinta adhesiva y se la presiona levemente sobre el péndulo. De esa manera, el péndulo tiene un pedacito de oro que lo sensibilizará a ese metal, y cuando digo "ras­padura" quiero decir que una ínfima partícula será suficiente. Luego, coloque su anillo u otro pedazo de oro entre sus pies a medida que se levanta. Párese con este oro —por ejemplo, un anillo de oro o un reloj de oro— entre sus pies y, lentamente, desenrolle el hilo de modo que el pén­dulo baje a aproximadamente medio metro de sus dedos. El péndulo en este punto debería girar en una dirección singular, esto es, hacer un círculo completo. Si eso no sucede, suba o baje un poco el hilo hasta determinar la longitud en que el péndulo ha de oscilar más libremente ante el oro. Una vez determinada la distancia —que puede ser de cuarenta y cinco a cincuenta o cincuenta y cinco centímetros o una medida similar—, haga un nudo en el hilo y anote la longitud exacta, por ejemplo: "Nudo uno — oro". Luego retire la muestra de oro con la cinta adhe­siva, levante el reloj o el anillo, y coloque un elemento de plata en el suelo, que puede ser una moneda o una pieza de plata que le ha sacado a otra persona, pero debe ser de plata. También debe poner una partícula muy pequeña de plata sobre otro pedazo de cinta adhesiva y adherirlo al péndulo. Trate nuevamente de encontrar cuál es la longi­tud correcta para la plata. Una vez hecho esto, efectúe otra anotación, por ejemplo: "Nudo dos — plata". Puede hacer lo mismo con diferentes metales o con otras sustan­cias. Si obtiene una tabla adecuada, entonces podrá diver­tirse mucho "explorando". Por lo general descubrirá que, en términos de longitud, lo primero que responde (unos treinta centímetros de longitud) es la piedra; con un hilo más largo obtendrá vidrio o porcelana, y con uno aún más largo, elementos vegetales. Si sigue aumentando la longi­tud, conseguirá plata y plomo, y luego agua. Con una longitud mayor, encontrará oro y luego cobre y bronce. Con el hilo más largo hallará hierro, a poco menos de setenta y cinco centímetros. Por consiguiente, si quiere saber lo que se encuentra debajo de usted, no tiene más que pararse allí y pensar ante todo en el metal que busca, adaptando la longitud del hilo a la distancia adecuada y avanzando muy lentamente.

Es necesario insistir una y otra vez en que usted DEBE decirle a "Jorge" precisamente lo que está haciendo, o sea que quiere explorar para obtener oro, hierro, plata o lo que sea, y que por favor haga oscilar el péndulo cuando perciba las radiaciones.

En todo momento debe pensar muy intensamente en lo que espera encontrar por­que, si, por lo contrario, se distrae y piensa en otra cosa, no obtendrá lo que quiere. A propósito de esto quiero decirle que, si, por ejemplo, está buscando porcelana antigua y repentinamente piensa en mujeres, entonces obtendrá la reacción para el oro, porque la longitud del hilo para el oro y para las mujeres es justamente la misma y, si una mujer piensa en los hombres, entonces obtendrá la reacción como si hubiera un diamante bajo el suelo. Esto, por supuesto, significa que usted se engañará totalmente. Podría suceder que, tras haber obtenido la reacción para un diamante, usted tomara el pico y la pala y, cavando, encontrara a un hombre muerto.

Ahora bien, para uso cotidiano en el interior de la casa es aconsejable recurrir a un péndulo de cordel más corto, puesto que resulta incómodo que un metro o un metro y medio de hilo se enreden todos los días. Por lo tanto, cuando se encuentre en casa, utilice un péndulo distinto. Los que pueden obtenerse comercialmente ya llevan un hilo o una cadena y si bien varía la longitud exacta, la cadena generalmente tiene quince centímetros. Pero esto no tiene importancia. Supongamos que quiere saber algo, por ejemplo, si una persona vive en cierta región. En este caso, se sienta ante un escritorio o una mesa, que deben ser ordinarios, sin cajones ni nada por debajo porque, de lo contrario, el péndulo experimentará la influencia de lo que se encuen­tre en el cajón, por ejemplo un cuchillo de cocina o un anillo de oro o algo por el estilo, y en ese caso el péndulo, por intensamente que usted se concentre, se verá influido por el "tema" equivocado. Por consiguiente, siéntese fren­te a una mesa sencilla y tenga al alcance de la mano algunas hojas de un simple papel blanco ordinario. Luego, dígale al péndulo, o más bien a "Jorge", exactamente lo que quiere. Por ejemplo: "Mira, Jorge, quiero saber si María Bugsbottom vive en esta zona. Si la respuesta es positiva, por favor, haz oscilar el péndulo hacia adelante y hacia atrás y, si es negativa, por favor sacúdelo de un lado a otro". Luego coloque su hoja de papel blanco a la derecha de la mesa, y escriba "sí" en la parte superior alejada de usted y en la parte inferior cercana a usted, y "no" en el extremo derecho y en el extremo izquierdo de la hoja; en el centro haga una pequeña X para señalar el lugar sobre el que va a sostener el péndulo, o sea, a unos cinco centímetros sobre ella.

Siéntese cómodamente. No importa si tiene o no pues­tos los zapatos, pero debe apoyar los pies sobre el piso y no sobre las varillas de la silla. Apóyelos totalmente contra el piso, de modo que las yemas de los dedos estén en contacto con él. Luego consiga un mapa de la zona deseada y ábralo a su izquierda, contando así con una hoja blanca de papel a la derecha y el mapa a la izquierda. En primer lugar, recorra con el péndulo toda la superficie del mapa diciendo: "Mira, Jorge, ésta es la superficie de mi mapa. ¿Se encuentra María Bugsbottom en algún lugar dentro de esta zona?". El péndulo se trasporta sobre el mapa a aproximadamente cinco centímetros de la superficie. Cuando ha cubierto toda el área, diga: "Jorge, ahora voy a iniciar la investigación. ¿Me ayudarás, Jorge? ¿Indicarás 'sí' o 'no' según sea el caso? ". Luego (si usted utiliza la mano derecha), apoye cómodamente el codo derecho sobre la mesa y suspenda el péndulo por su hilo o cadena entre su pulgar y el dedo índice (el dedo con que señala). Cuide de que el péndulo se encuentre a cinco centímetros sobre la X. Debe recordar que todo se invierte para los zurdos, pero la mayoría de las personas seguirá las instrucciones tal como han sido hechas.

Después de realizados los preparativos —y teniendo la seguridad de que no va a ser interrumpido—, dígale a Jorge que ahora está listo para comenzar a trabajar. Mire el mapa y siga con el dedo índice el camino sobre el que cree que puede vivir María Bugsbottom. Dirija ocasional­mente una mirada al péndulo, que podrá oscilar de un lado a otro aparentemente sin sentido pero, si usted llega al lugar en que cree que vive su amigo o enemigo, enton­ces el péndulo hará una decidida indicación afirmativa o negativa. Es útil emplear primero un mapa en pequeña escala, a fin de cubrir un área mayor pero, si recibe algún tipo de indicación —como si Jorge dijera: "¡Caramba! Esta es un área grande. Necesito un acercamiento mayor"—, entonces consiga un mapa en gran escala, a fin de poder, con la práctica, ubicar cualquier casa individual.

Después de cada prueba, usted debe reemplazar su hoja de papel blanco por otra; a aquella podrá utilizarla para escribir cartas o cualquier otra cosa, pero no para otra lectura, porque está impregnada de las impresiones producidas por lo que estaba tratando de descubrir de modo que, si trata de repetir una lectura, la segunda se verá influida por la primera. Eso es todo lo que hay que hacer. Pero no, tal vez no sea todo, porque en realidad debe formular sus preguntas adecuadamente. Jorge es un indi­viduo ingenuo que no entiende de bromas y es extremada y excepcionalmente literal. Por consiguiente, no se gana nada con decir: "Jorge, ¿puedes decirme si María Bugsbottom vive ahí?". Si usted formula una pregunta como ésta, la respuesta será "sí", porque Jorge puede decirle que María Bugsbottom vive ahí, PUEDE hacerlo. Y eso es lo que usted pregunta. Con una pregunta de este tipo usted quiere averiguar si el péndulo puede informarle; usted no pregunta si ella realmente vive allí en ese momento. Por consiguiente, cualquier pregunta debe formularse de tal manera que no confunda a Jorge.

La mayor dificultad en toda la cuestión es formular las preguntas de manera que no tengan doble sentido y pue­dan ser entendidas hasta por los tontos. En cualquier pregunta del tipo: "¿Puede usted decirme. ..?", la respuesta será "sí" o "no". La otra parte de la pregunta —"¿si María Bugsbottom vive allí?"— quedará sin contestar, por­que la primera habrá absorbido el interés de Jorge. Por lo tanto, hasta que tenga más práctica, le conviene escribir primero las preguntas y examinar las palabras para comprobar si la pregunta no es clara o puede ser considerada como ambigua o de doble sentido. Lo repito en grandes letras mayúsculas:

USTED DEBE ESTAR SEGURO DE LA PRE­GUNTA ANTES DE FORMULARLA.

Por supuesto, cuando se tiene alguna práctica, es bastante fácil encontrar personas. Usted debe contar con un mapa en pequeña escala y un mapa en gran escala de la zona en que supuestamente ha desaparecido la persona. ¿Se trata de un muchacho grande o de una niña pequeña? ¿Es pelirroja, rubia o de pelo negro? ¿Qué sabe usted sobre ella? Usted debe darse las instrucciones más comple­tas posibles porque, una vez más, a menos que sepa lo que está buscando, no sabrá cuándo lo ha encontrado. A veces puede suceder —por ejemplo, cuando está obligado a guardar cama— que no pueda apoyar los pies sobre el suelo. Ese es mi problema, y por ello dispongo de una varilla de metal de unos setenta y cinco centímetros de largo, que sostengo como la antena de una radio portátil. En realidad, de eso se trata: de una antena de radio portátil, con la cual recojo la onda exactamente de la misma manera como lo haría una persona que tuviera más movilidad. Cuando recojo impresiones de un mapa o una carta, utilizo un pequeño lápiz impulsor, de metal, y toco la carta o el mapa; entonces el péndulo comienza a balancearse y me da una respuesta.

Nunca, nunca, nunca deje que otra persona toque su péndulo, porque éste debe estar saturado de sus propias impresiones.

Debe tener varios péndulos, uno de madera, otro de metal neutral —esto es, algo similar al metal de imprenta— y tal vez uno de vidrio o de plástico. Inclusive, uno hueco a fin de colocar adentro una muestra en lugar de pegarla con cinta adhesiva. Pero descubrirá que un péndulo es más sensible que todos los demás para las cosas personales, y usted podrá hacerlo aún más llevándolo con­sigo mismo y saturándolo con sus propias impresiones. Si así procede y no deja que otra persona lo utilice o lo toque, advertirá que posee algo tan potente y útil como el radar para los aviones en una noche nublosa. El péndulo no puede equivocarse. Jorge no puede equivocarse. Pero usted sí puede. Usted puede equivocarse en la forma como formula sus preguntas y en la interpretación de las respuestas. Ahora bien, con las computadoras debe utilizarse un lenguaje especial porque, de lo contrario, no pueden interpretar lo que se está buscando. Por consiguiente, piense que su péndulo es una computadora y formule sus preguntas de forma tan clara y unívoca que no pueda presentarse ninguna posibilidad de error porque el péndulo sólo puede indicar "sí" o "no", aunque también incertidumbre mediante la figura de un ocho. También señala el sexo de una persona o de una cosa porque, la mayoría de las veces, para un hombre puede rotar cir­cularmente hacia la derecha, es decir, en el sentido de las agujas del reloj, pero para una mujer rotará circularmente hacia la izquierda en sentido contrario a las agujas del reloj. Si el hombre es afeminado, el pobre péndulo podrá equivocarse. Pero, en realidad no se equivoca sino que, simplemente, indica que el hombre es más mujer que hom­bre, y que no tiene más que los atributos necesarios, como se diría en los mejores círculos, que le permiten pasar fisiológicamente como ejemplar masculino. Todos sus pen­samientos pueden ser femeninos, y, en este sentido, el péndulo es un juez mucho más preciso que los mejores médicos.

Debo insistir en esto: Asegúrese de que sus manos estén limpias antes de utilizar el péndulo. Si ha estado trabajando en el jardín o apagando la colilla de un cigarrillo en una maceta, entonces recibirá una indicación para la tierra contenida en los poros de sus dedos. Por lo tanto, asegúrese de que sus dedos y sus manos estén limpios y de que también la mesa esté limpia. Por ejemplo, si usted se da la vuelta y descubre que un gato grande y gordo está sentado en una hoja de papel blanco, deberá utilizar una hoja diferente. Con un péndulo y práctica, usted sabrá cómo buscar minerales sobre la base de un mapa. Si lo desea, podrá encontrar oro adosando al péndulo una pequeña partícula de ese metal. Entonces, deslice su dedo a lo largo del mapa hasta el lugar en que cree que puede haber oro, y piense intensamente en él hasta excluir todo otro pensamiento. O, si busca plata, piense intensamente en ella hasta el punto de excluir todo lo demás. Todas estas cosas son muy simples, pero hasta que se acostumbre a ellas, tendrá la certeza de que son totalmente imposibles o que no son para usted. Pero lo son. La práctica es lo único que permite a un piloto despegar su avión y traerlo de regreso intacto. Sólo la práctica y la fe en sí mismo le permitirán sentarse a la mesa con un mapa y un péndulo, decir que hay agua en cierto lugar, luego ir allí y encontrarla después de cavar hasta cierta profundidad. Usted puede tener una buena idea de la profundidad de una cosa por la fuerza de la oscilación o el movimiento del péndulo. Este no es un libro sobre péndulos o la bús­queda de agua, pero la práctica le enseñará pronto cómo acortar o alargar la cadena o el hilo, y cómo calcular la profundidad. Pero recuerde una vez más que debe concentrarse intensamente en lo que quiere encontrar o saber.

Usted también podrá descubrir mucho sobre una persona utilizando un péndulo sobre la firma en una carta. Éste un ejercicio bastante útil. Pero recuerde que debe estar seguro de lo que quiere saber, seguro de lo que pregunta, porque si pregunta una cosa en dos veces Jorge, sin duda, responderá a la que no corresponde. Y tenga mucho cuidado de decirle a su subconsciente —Jorge o como quiera que se llame— justamente lo que está tratando de descubrir y lo que espera que el péndulo haga para indicar la información que desea. Lo que acabo de escribir me parece suficientemente claro, pero yo conozco todo al respecto y por eso se lo hice leer a alguien que no sabía nada y ahora voy a proporcionar una información complementaria. ¿Cómo se sostiene este péndulo? Como ya se indicó, se apoya el codo sobre la mesa, el codo derecho si la persona utiliza la mano derecha o el codo izquierdo si la persona utiliza la mano izquierda. Luego se dobla el brazo de tal manera que la mano quede colocada a una distancia tal de la mesa que el péndulo, suspendido al final de su cadena, se encuentre a unos cinco centímetros por encima de la superficie de la mesa. Se sostiene la cadena, piolín, cordel o lo que fuere entre el pulgar y el dedo índice y, si quiere acortar la cadena unos centímetros a fin de obtener una mejor oscilación, hágalo. Ajuste siempre la longitud de la cadena o hilo entre su dedo y el pulgar a fin de obtener la mejor oscilación o indicación. Debe quedar bien claro que su antebrazo debe estar colocado en un ángulo tal que se encuentre cómodo, porque se debe estar cómodo o no podrá trabajar con el péndulo. Del mismo modo, si usted acaba de comer pesadamente, no podrá hacerlo. Y su atención se distraerá si algo muy desconectado con este péndulo lo molesta. Usted debe estar muy tranquilo, y dispuesto a trabajar con el subconsciente. Ahora se me dice: "Estoy muy confundido. Usted dice que el superyó, va a variar la corriente. ¿Cuál es la conexión entre el superyó y el subconsciente?"

Tratemos de aclarar esto de una vez por todas: Usted sólo es consciente de una décima parte de sí mismo. Usted ocupa el peldaño inferior de la escalera, por encima está su subconsciente. Y éste es como el operador que controla el tablero conmutador, etc., que es su cerebro. El subcons­ciente está en contacto con usted a través de su cerebro —tal vez sería mejor decir; a través de su cerebro con­junto—, y también está en contacto con su superyó. Suce­de lo mismo que con el pobre obrero que no puede hablar con el gerente, y tiene que pasar antes por el capataz. De modo que usted trata de molestar con la espe­ranza de que su superior le preste atención y, preguntán­dose por qué (¡usted sabe qué!), no atiende su trabajo, venga a ver de qué se trata. Entonces usted debe trasmitir su punto de vista al delegado o al capataz, y persuadirlos de que informen al gerente o a quienquiera sea su supe­rior. Esta situación es similar a la que se presenta entre el superyó y usted. Antes de que pueda llegar a su superyó, usted debe obtener la ayuda de su subconsciente y, una vez que lo haya convencido de que esa colaboración es realmente necesaria para el bien común, entonces el subconsciente se pondrá en contacto con el superyó y el pén­dulo se desviará de acuerdo con las indicaciones que usted "perciba".

Leer "Una luz en la oscuridad" para más información.