Meditación

Meditación

Guardad silencio y sabed que yo estoy dentro.

En el occidente hay numerosas variedades de meditación. La mayoría tienen nombres tontos y no se parecen en nada a la meditación verdadera a excepción del nombre. Debido a la seriedad con la que se debe tratar la meditación, he copiado esto directamente del libro “El camino de la vida”; página 177 del Dr. Rampa. Antes de empezar, es necesario destacar tres aspectos que confunden a muchos cuando alguien se inicia en la meditación:

En realidad la meditación se compone de cuatro partes diferentes:

Antes de entregarse a la meditación es necesario que haya una disciplina, pues jugar con la meditación es jugar con fuego. No permitiríais a un niño que jugase con un barril de pólvora y una caja de fósforos, pues si se lo permitierais lo haríais una sola vez. Por el mismo motivo debéis ejercer una gran restricción en la práctica de las etapas superiores de la metafísica. Si un hombrecillo flacucho decide de pronto adquirir los músculos de un atleta tiene que realizar antes ciertos ejercicios, pues ni siquiera puede levantar una silla, pero si el pobre hombre se pasa haciendo ejercicios las veinticuatro horas del día sufrirá una gran postración. Del mismo modo, es necesario considerar a la meditación como los ejercicios del alma y, si en la práctica de la meditación os precipitáis como un turista de los Estados Unidos que re­corre a toda prisa el Vaticano sólo para poder decir que ha estado allí, vuestro entusiasmo disminuirá. Debéis ejer­citaros de acuerdo con un plan establecido de antemano, con disciplina y mucha preparación anterior, pues si el hombrecillo flacucho se ejercitase demasiado se le queda­rían los músculos tan rígidos que apenas podría moverse. Recordad que también con la meditación vuestra mente podría quedar rígida y eso sería horrible. A pesar de todo esto, ¿deseáis meditar? ¿Queréis real­mente hacerlo? Pues bien, veamos si os agrada lo que voy a decir a continuación. Para meditar tenéis que disponer en vuestro día de un tiempo de absoluta tranquilidad, y debéis encontrarlo en las primeras horas de la mañana. Esta es una de las razones de que los sacerdotes, etc., mediten antes de comer. No debéis tomar alimento alguno antes de meditar, ni debéis meditar en la cama, pues si tratáis de hacerlo os quedaréis dormidos.

Por consiguiente, disponed las cosas para despertaros una hora antes de lo habitual, y así, cuando suene vuestro reloj despertador abandonad la cama, lavaos y vestíos, porque la tarea de lavaros y vestiros os despertará completamente y no sentiréis la tentación de volver a acostaros y dormir. Si realmente queréis meditar debéis hacer del rincón de una habitación vuestro santuario interior. Será un pequeño altar que os permitirá fijar vuestra atención en lo que tratáis de hacer. He aquí lo que deben hacer los que pro­cedan con verdadera seriedad: Destinad una habitación, aunque sea muy pequeña, al santuario, y mantened la puerta de esa habitación cerrada cuando no estéis en ella. Colocad en un rincón una mesita cubierta con un mantel blanco y poned sobre el mantel una imagen de, por ejemplo, un Ho Taí, el símbolo de la buena vida. (No adoráis ídolos; Ho Tai es sólo un símbo­lo) Tendréis un incensario y una varilla de incienso que encenderéis y soplaréis para que arda exhalando un humo agradable. Os será útil que hayáis calculado previamente el tiempo que tardará en quemarse el incienso, media hora por ejemplo, pues así cuando se apague terminará vuestra meditación. El meditador serio vestirá una túnica de meditación especial, pues la finalidad de esta túnica es proteger de las influencias exteriores. La túnica de meditación tiene que ser muy amplia, con mangas largas y holgadas y una capucha que cubrirá la cabeza. Puede ser de seda negra delgada o, si os parece demasiado costosa, de tela de algodón negra delgada. Cuando no se la utiliza debe guardársela en un estuche de seda negra para que no la toquen otras ropas. Tal vez os parezca todo un poco teatral, pero no es así, sino el mejor medio de obtener los resultados desea­dos, y si queréis conseguir esos resultados tenéis que actuar de acuerdo con las reglas. Por consiguiente, poneos vuestra túnica de meditación cuando os dispongáis a meditar.

Un traje de algodón negra para Meditacion.

Ahora que tenéis vuestra habitación, vuestra túnica de meditación, vuestro Ho Tai y vuestro incienso, ir a esa habitación y sentaos en silencio. No importa cómo os sentéis, no es necesario que crucéis las piernas. Sentaos de la manera que sea más cómoda para vosotros y que no os produzca calambres o dolores agudos, porque en las prime­ras etapas no podéis meditar si estáis incómodos. Cuando hayáis permanecido durante unos pocos instantes en silen­ciosa contemplación repetid esta plegaria.

Concédeme hoy que viva mi vida día tras día de la manera prescripta, controla y dirige mi imaginación. Concédeme hoy que viva mi vida día tras día de la manera prescripta, dirige mis deseos y mis pensamientos para que así me purifique. Concédeme hoy, y todos los días, que mantenga mi imaginación y mis pensamientos firmemente fijos en la tarea que hay que realizar, para que así pueda tener buen éxito. Deseo en todos los momentos vivir mi vida día tras día controlando la imaginación y el pensamiento."

Procuraréis que la habitación no esté iluminada, por su­puesto, sino bien resguardada de la luz, lo bastante a oscu­ras para que todo parezca gris más bien que negro. Pronto descubriréis cuál es la cantidad de oscuridad que más os conviene. Si tomáis un vaso de agua fría y lo sostenéis entre vuestras manos de modo que las palmas y los dedos lo rodeen, pero sin sobrepasarlo, os encontraréis en una posición adecuada para hacer otro ejercicio. Deslizad los dedos de una mano en los espacios entre los dedos de la otra mano, de modo que queden adheridas al vaso todas las partes posibles de vuestros dedos y manos. Permaneced tranquilos y respirad profundamente. Realizad los ejercicios que se mencionan en “La sabiduría de los antepasados”, pero respirad profundamente y dejad que el aire se exhale produciendo un sonido muy largo. El sonido es "Rrrrrrr Aaaaaaa". Tiene que ser fuerte, pero sin gritarlo; lo podéis hacer con suavidad aunque muy claramente, y debéis hacerlo con seriedad pues es un ejercicio serio. Repetidlo tres veces y luego observad durante varios minutos cómo el agua odonética o magnetizada concentra lo etérico del cuerpo en una nube alrededor del vaso de agua. Lo condensará de modo que podréis ver fácilmente la bruma muy densa que os recordará el humo azul de un cigarrillo que se condensa en una nube, o el humo del incienso que se condensa del mismo modo. Cuando hayáis hecho eso durante una o dos semanas, o quizás uno o dos meses, lo que depende de vuestra serie­dad, podréis ver algo de vuestra fuerza vital en el agua. Cuando la fuerza vital entra en el agua la carga y el líqui­do centellea lo mismo que la gaseosa, sólo que las chispas y centelleos de vuestra fuerza vital que veréis serán destellos de luz, líneas y remolinos de diversos colores. No apresuréis las cosas porque disponéis de mucho tiempo; después de todo no podéis hacer que se desarrolle un ro­ble de la noche a la mañana, y con cuanta más seriedad obréis tanto mejor éxito obtendréis, y con el buen éxito algún tiempo después el vaso de agua se convertirá en un universo en miniatura con centelleos de múltiples matices que se mueven rápidamente y giran dentro de los confines del vaso. Debéis ordenar vuestra meditación de acuerdo con una norma y un horario precisos. Es una idea muy buena tener un rosario para que podáis comprobar vuestras etapas de meditación. Podéis conseguir un rosario budista o hacer vuestro propio rosario con cuentas de diferentes tamaños, pero cualquiera que sea el método que utilicéis debéis ate­neros a un horario muy rígido. Debéis meditar en la mis­ma habitación y a la misma hora con la misma túnica. Comenzad eligiendo un pensamiento o una idea y perma­neced sentados tranquilamente ante vuestro pequeño altar. Tratad de eliminar todos los pensamientos exteriores, con­centrad vuestra atención en vosotros mismos y meditad sobre la idea que habéis elegido. Cuando os concentréis, observaréis que se produce un ligero temblor dentro de vosotros; eso es normal, esa débil vibración prueba que el sistema de meditación funciona bien.

He aquí algunas sugestiones:

En la meditación de la se­renidad ya no os molesta la opresión ni sentís temor, ya no deseáis la riqueza por ella misma, sino por el bien que podéis hacer a los demás. En la meditación de la serenidad podéis contemplar vuestro futuro con tranquilidad, pues sabéis que en todos los momentos vais a actuar lo mejor posible y a vivir vuestra vida de acuerdo con vuestra etapa de la evolución. Los que han llegado a ese estado se hallan en el buen camino y pueden confiar en que su saber y su conocimiento interior los liberará de la rueda del nacimiento y la muerte.

Podéis preguntar qué viene después de la meditación: viene el trance. Tenemos que emplear la palabra trance a falta de otra mejor. En realidad el trance es un estado de meditación en el que el "tú" real sale del cuerpo y lo deja, tal como uno puede salir de un coche y dejarlo. Ahora bien, como todos sabemos, a nuestra costa, si uno deja su coche estacionado, cuando vuelve se encuentra a veces con que se lo han robado. Del mismo modo, si la gente medita con bastante profundidad para entrar en lo que tenemos que llamar estado de trance sin limpiar su mente de lujurias, etc., invitan al "robo" por otros entes. El estado de trance es muy peligroso si uno no se ejercita antes bajo una supervisión capaz. Hay varias formas de entes elementales y desencarnados que merodean constantemente para ver qué travesuras pueden hacer, y si pueden causar daño apoderándose del cuer­po de una persona se sienten muy felices divirtiéndose con él, como los jovenzuelos roban a veces un coche para correr por las carreteras; sin duda esos jovenzuelos se proponen devolver el coche sin que haya sufrido daño alguno, pero con frecuencia le causan averías. Y lo mismo sucede con un cuerpo cuando se apoderan de él esos entes. Permitidme que repita que si vuestros pensamientos son puros, si vuestras intenciones son puras y si no tenéis miedo, no podéis ser invadidos, obsesionados ni robados y no tenéis que temer más que al temor mismo. Permitidme que repita que si no teméis irradiáis un aura que protege vuestro cuerpo del mismo modo que un timbre de alarma contra ladrones protege una casa; y si vuestros pensamientos son puros y no tenéis deseos vehementes, cuando sentís la impresión de que alguien quiere robaros vuestro cuerpo inmediatamente miráis el cordón de plata y veis lo que sucede, lo mismo que un granjero vigila su huerto para proteger sus manzanos. No os pueden causar obsesión, ni apoderarse de vosotros, ni invadiros a menos que tengáis miedo. Pero si teméis esas cosas, por vuestra tranquilidad de ánimo y vuestra tranquilidad física no juguéis con la etapa de trance profundo de la meditación. Yo me opongo decididamente al hipnotismo salvo con las mayores reservas, pues si os pone en trance hipnótico una persona inexperta puede sentir muchos temores pre­guntándose si os halláis bien, si podrá sacaros del trance, etcétera. El trance hipnótico es un trance pasivo, un tran­ce causado por una serie de fuertes sugestiones reforzadas por la creencia de la persona de que puede ser hipnoti­zada. En realidad, cuando una persona es hipnotizada la situación es muy parecida a cuando es estrábica, porque el doble etérico queda ligeramente desincronizado, lo que sig­nifica que los cuerpos físicos y etéricos ya no coinciden por completo.

Si os las habéis con un mal hipnotizador; puede causaros mucho daño, puede causaros un daño que dure años. Después de todo, no acudiríais a un cirujano que acaba de aprender la técnica quirúrgica siguiendo un curso por co­rrespondencia, sino a uno que opera con seguridad y com­petencia. En consecuencia, por el bien de vuestra salud y vuestra cordura no permitáis que los aficionados hagan experimentos con vosotros. Si por alguna razón queréis o tenéis que ser hipnotizados, poneos en relación con alguna asociación médica del lugar de vuestra residencia y allí os indicarán algún hipnotizador médico y moral que se ha preparado para ello en condiciones cuidadosamente super­visadas. Podéis pensar que exagero el peligro, pero no es así. Deberíais leer algunas de las cartas que recibo hablán­dome del daño causado por aficionados al hipnotismo, ineptos y criminalmente inconsiderados. Recordad que cuando os hipnotizan vuestra alma es puesta fuera de coin­cidencia con los centros de vuestra conciencia. Los médium son con frecuencia personas que entran en un estado de trance contemplativo, en un estado de hipnosis contemplativa, pues consciente o inconscientemente se hipnotizan ligeramente a sí mismas de modo que son hipersugestionables, y en ese caso pueden ser utilizadas co­mo un teléfono por personas que se hallan en el otro lado de la vida. Pero recordad lo que hemos dicho, lo que hemos aprendido juntos acerca de los entes desencarnados. Las personas verdaderamente buenas que han pasado a otra vida están demasiado ocupadas para divertirse enviando mensajes a las sesiones de espiritistas.

En ciertas condiciones puede haber, por supuesto, una persona muy experta y concienzuda que puede entrar en trance en lo físico y, no obstante, mantenerse alerta en lo astral y vigilar a la persona que envía mensajes al grupo de los que están sentados alrededor de la mesa. Es un instrumento muy útil cuando se hace una investigación detallada, pero es indispensable asegurarse de que la sesión no sea interrumpida por ruidos ni por la entrada inesperada de otras personas. Hay una forma muy especial de trance oculto al que los adeptos llaman "sueño del templo" y que es completa­mente distinto de todos los mencionados anteriormente, porque el iniciado que ha estudiado todo esto en las condiciones del templo sabe lo que hace y puede ponerse deliberadamente en estado de trance, del mismo modo que una persona puede "introducirse" en un coche y ponerlo en marcha; se controla a sí mismo y no pueden causarle obsesión otras personas. Pero, por supuesto, esto depende de años de práctica y hasta que se tenga la experiencia necesaria se debe estar bajo la dirección más cuidadosa de alguien que tenga esa experiencia. La persona común que pretende ponerse en estado de trance cuenta con un sistema de protección muy útil; si es una persona normal se quedará dormida. Esto impide que la invadan los entes desencarnados. Pero aun en esto hay dos peligros graves: Por ejemplo, estáis despiertos, aunque en estado de trance, pero luego os quedáis dormidos. Ahora bien, en el instante en que os halláis entre la vigilia y el sueño sois vulnerables a la obsesión, lo mismo que lo sois cuando en estas condiciones os habéis dormido y de pronto despertáis. Pero advertid que esto sólo se refiere a cuan­do jugáis con el hipnotismo o el trance, pues no existe peligro alguno en el paso de la vigilia al sueño y del sueño a la vigilia en la vida corriente ‘os dedicáis a hacer' experimentos con los estados de trance sin una vigilancia cuidadosa.

En ciertos templos, la persona que recibe instrucción se halla bajo la vigilancia de dos lamas de más edad capaces de mantenerse en contacto con todo lo que piensa el acó­lito, y por medio de su guía benévola pero firme impiden que éste se haga daño a sí mismo o lo haga a otras personas. Cuando el acólito puede salir bien de ciertas pruebas se le permite ponerse en estado de trance profundo por sí solo, y habitualmente una de las primeras cosas que hace es ponerse en un estado de trance muy profundo al que llamamos el "trance de visión". Es ciertamente un trance profundo y el iniciado queda completamente inmóvil, puede parecer completamente rígido e inclusive se le endurece la carne. En este estado particular sigue todavía dentro de su cuerpo, pero se parece mucho al que, situado en lo alto de una torre elevada, tiene un telescopio muy potente con el que puede ver todo con mucha claridad y muy amplifi­cado. Puede dirigir el telescopio en cualquier dirección y ver lo que sucede con una claridad asombrosa.

No salís del cuerpo en el trance de visión, pues antes que podáis hacerlo tenéis que practicar el trance de proyección, y en este caso el cuerpo está lacio y fláccido y en un estado cataléptico, sin conciencia de sí mismo y por decirlo así, bajo la supervisión del vigilante. La respiración se produce a un ritmo mucho menor, los latidos del corazón se reducen y la vida fluye muy pausadamente. Lo primero que tenéis que hacer cuando os halléis en esos trances es preguntaros si lo que veis es imaginación, pero con la práctica llegaréis a distinguir lo que es real de lo que es solamente una proyección del pensamiento de algún otro ente encarnado o desencarnado. Por ejemplo: estáis en alguna parte, donde quiera que sea, sentados tranquilamente y en el trance de la meditación. Si dejáis que vuestra conciencia vague de buen o mal grado sin controlarla mucho, podéis encontraros cerca de una persona que ha bebido demasiado y horrorizaros al ver toda clase de animales extraños retorciéndose a su alrededor. ¡Sí, esos elefantes rayados existen realmente en forma de pensamiento! Peor todavía: suponed que dejáis que vuestra conciencia vague de ese modo y os encontráis cerca de un hombre de muy mala índole con el asesinato en su corazón; si está pensando en asesinar, entonces vosotros, pobres víctimas, veréis las escenas como si fueran reales y no sólo pensadas, y volveréis a vuestro cuerpo tan impresionados que os dolerá la cabeza durante las siguien­tes veinticuatro horas pensando que habéis presenciado un asesinato o algo peor.

El metafísico iniciado puede reconocer fácilmente lo que es real y lo que es imaginario, pero vuelvo a aconsejaros que a menos que tengáis algún buen motivo para poneros en estado de trance profundo no lo hagáis. Si no queréis tener en cuenta este consejo tened en cuenta este otro: si en un trance profundo o en el plano astral os encontráis con entes horribles que os hacen muecas o algo peor, sólo tendréis que pensar fuertemente que no los teméis, pues si hacéis eso veréis que desaparecen. Sólo pueden alimentarse con el temor y, si no los teméis, los ahuyentáis. Con sincera amistad os aconsejo que no os dejéis hipnotizar sino por un médico competente y que no os pongáis en estado de trance sino bajo la vigilancia de una persona idónea. La meditación ordinaria es completamente segura, no puede causaros daño alguno porque os halláis en plena posesión de todas vuestras facultades. Por consiguiente, meditad y gozad con ello. Evitad el hipnotismo y el trance profundo porque no promoverán lo más mínimo vuestra evolución.